Es casi una moda que algunas empresas se autoproclamen "ecoamigables" o, directamente, "sustentables". Los gerentes de marketing, que tanto saben de tendencias, ayudan a que sus clientes anuncien su "compromiso con el planeta" pintando de verde cientos de campañas publicitarias.
Se parece mucho a la vieja filantropÃa, aquel antiguo hábito empresarial de dañar de algún modo a un sector de la sociedad y luego enjuagar culpas financiando becas o donando dinero. Es decir la arcaica y bochornosa costumbre de lavar la imagen de una marca a fuerza de poner algunos billetes.
El paradigma del progreso indefinido, que nació de la mano de la revolución industrial, tomó como rehén al planeta. El hombre se convenció de que la naturaleza no era más que un recurso a explotar para beneficio de la sociedad.
las grandes empresas que han sido la fuente principal de este deterioro han encontrado en la cuestión ambiental un nuevo contenido para la absolución de sus pecados. La ecologÃa dejó de ser una acción marginal de inadaptados cruzando a un barco ballenero o protestando en una explotación minera y pasó a ser una actividad a promover. Los accionistas descubrieron que la ecologÃa no solo vuelve más cool a las empresas sino que también dispara sus ventas. El marketing verde logró que verdaderos verdugos del ambiente se puedan manifestar en favor de la naturaleza y la biodiversidad.
Empresas que construyeron su patrimonio devastando bosques o volcando desechos a lagos y rÃos pueden ahora promover una maratón ecológica, impulsar una plantación de árboles o financiar un taller en el que los niños aprendan a separar la basura en su casa. Una vez terminada la acción solidaria pueden poner en la etiqueta de su producto que dicha empresa es "verde", ecoamigable o sustentable.
La moda verde no solo resulta ineficiente sino confusa y, paradójicamente, "contaminante" de la conciencia. Llegó la hora de plantarse y de decir que los enunciados vacÃos están permitiendo que continúe el daño al medio ambiente.
El Estado y la sociedad deben tomar conciencia de que para que una empresa sea ambientalmente responsable, ecológica o sustentable tiene que cuidar el hábitat de verdad y desde la elaboración misma de su producto.
Contribuir al deterioro de los ecosistemas y obtener luego una cucarda de "ecoamigable" mediante la donación de dinero a una ONG ambientalista, debe dejar de llamarse "moda verde". Tiene que comenzar a denominarse estafa.