En la década del 80 ir a la peluquerÃa implicaba sentarse en el sillón simplemente a que el dueño de la tijera y el peine encuentre el mejor corte para nuestro cabello. "¿Cómo le corto, caballero?" era la pregunta que disparaba la charla. No habÃa tendencias y cortes de moda: cada uno definÃa lo mejor para sà en el marco de las posibilidades que el pelo concedÃa (si era escaso o abundante) y también el tamaño de la cabeza influÃa en la toma de decisiones. No faltaban los que también arreglaban barba y bigotes, por lo que reciben la denominación de "barbero".
En cambio, el ritual en la peluquerÃa de mujeres incluÃa distintas capas, pues si bien algunas damas sólo buscaban el corte de cabello otras iban por un color no natural y otras por un peinado clásico o algo más atrevido. Claro está que, en menor medida, estaban los salones "unisex", donde el experto asumÃa todo tipo de desafÃos más allá de la cuestión de géneros y también generacional.
"Se denomina peluquero o peluquera a la persona que tiene por profesión el arreglo del cabello de las personas incluyendo operaciones como lavado, corte, peinado, teñido" es la definición habitual en los manuales básicos sobre esta profesión que no puede escapar del humor popular. Por caso, cuando un estudiante o un empleado se cortaba el pelo el sábado, debÃa prepararse el lunes al regresar a la escuela o a la oficina para la clásica pregunta con tono sarcástico: ¿Quién te cortó el pelo...? ¿Necesitás un abogado?
En Rafaela, los profesionales festejaron ayer al mediodÃa en el marco de un almuerzo de camaraderÃa que se efectuó en el comedor del Hotel Plaza Ben Hur, con una importante participación.
Con el paso de los años, la evolución alcanzó a la profesión que se reinventó, muchas veces a partir de las multinacionales que desarrollan un abanico de productos para modelar y embellecer nuestras cabezas. Asà surgieron los centros de estética capilar, una especie de polo de diseño donde todo puede pasar con el pelo en lo que hace a cortes, teñidos y peinados. Los cortes de los jugadores de fútbol de la actualidad corporizan plenamente aquella frase de canción de Charly GarcÃa... esos "raros peinados nuevos".
Según Miguel Ligori, directivo de la Confederación General de Peluqueros y Peinadores de la República Argentina, "es evidente que el siglo XVII marca para el peluquero un nuevo derrotero, tanto por razones estéticas como higiénicas. Por el considerable incremento de la sociedad se constituye el gremio de peluqueros; por un edicto de 1649 se estableció una corporación de barberos, bañistas y peluqueros de ParÃs distinta al gremio de barberos cirujanos", agregó en una nota publicada en la revista "Estilo Profesional".
Con respecto a la Argentina, la agremiación "tiene fechas para mencionar que llenan páginas en la historia del peluquero. No podemos pasar por alto nuestro gran dÃa, el 25 de agosto, "DÃa del Peluquero", fecha en que se ha universalizado la profesión. Ese dÃa recordamos la Santificación de la Iglesia Católica de Luis IX, Rey de Francia, quien gobernó de 1261 a 1270, y que en su reinado jerarquizó a su peluquero declarándolo hombre libre, equiparándolo a los caballeros, jueces, médicos y magistrados, autorizándole el uso en su atuendo de un espadÃn que era sÃmbolo de tal distinción".
En nuestro paÃs, agregó Ligori, la primera celebración "se remonta al año 1877, con un baile realizado en el teatro Coliseo al cual asistieron 400 personas, el dÃa que se creó la Sociedad de Barberos y Peluqueros". Este festejo "fue organizado por Domingo Guillén, peluquero y a la vez Director Propietario del órgano "El Peluquero", publicación quincenal en su primer año de vida y que en su edición número 2 del mes de agosto de 1877, da cuenta del mencionado acto".