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Causa fuerte impacto en la región el cierre de la ex Johnson Controlls

Despidieron a 60 trabajadores luego de que en algún momento trabajaran más de 230. Preocupa el golpe a la economía en Pueblo Esther.

 

El cierre de la planta que fabricaba asientos para General Motors, instalada en la ciudad de Pueblo Esther, dejó a 60 empleados sin trabajo y a una economía desgastada en la cercana localidad, a la que se suma el momento crítico que transita el país.


Arroyo Al Día se comunicó con la concejal Carina Cappelletti para interiorizarse del problema: “Lo que venimos observando en nuestra localidad es una situación que no es ajena al país, pero que se siente muy fuertemente cuando ocurre cerca de casa. Muchas veces da la sensación de que estas cosas pasan ‘en otro lado’, pero ya están acá, entre nosotros. La situación que vivimos con el cierre de la ex fábrica Johnson —luego Aries— fue para mí un momento clave. Se trataba de una de las pocas industrias asentadas propiamente en Pueblo Esther, vinculada a la cadena de valor de General Motors en Alvear y al corredor industrial y portuario de la Ruta 21. En su mejor momento tenía 230 trabajadores, al momento de cerrar (hace menos de un mes): 60 trabajadores. Se trató de un proceso paulatino de reducción de personal. Lo más preocupante es que muchos trabajadores no pudieron hacer públicas sus inquietudes por miedo a perjudicar sus indemnizaciones”.


“El cierre de fuentes de trabajo genera un efecto en cadena: quienes reciben su indemnización suelen intentar abrir un pequeño negocio para seguir subsistiendo. Pero ese emprendimiento tiene vida corta: sin trabajo estable en la zona, cae el consumo interno, y sin consumo, los negocios no logran sostenerse. Se forma así un círculo vicioso muy difícil de romper. La industria no solo aporta empleo directo: también genera tributos que permiten al municipio llevar adelante obras y servicios para todos los vecinos. Perder una fábrica significa perder ambas cosas. Como concejala, soy consciente de que desde el cuerpo legislativo local no podemos resolver todo directamente. Sin embargo, eso no significa que debamos callar ni evitar debatir. Muchas veces las etiquetas políticas condicionan los temas que se pueden tratar: si uno habla de esto o aquello, se lo encasilla en tal o cual espacio. Los representantes tenemos la responsabilidad de hablar de los problemas reales, con seriedad y por fuera de las etiquetas políticas. La situación que atraviesa nuestra región merece debate serio, sin que el color político sea un obstáculo para decir lo que vemos”, sostuvo Cappelletti.


“Muchas veces llegan proyectos al Concejo Deliberante que parecieran diseñados para otra realidad, como si nuestra ciudad estuviera aislada del país y del mundo- continuó la representante legislativa- a veces da la impresión de que estamos debatiendo como si viviéramos en una ciudad escindida, al margen de lo que ocurre a nivel provincial y nacional. Pero ninguna ciudad está separada de su contexto. Pretender lo contrario es una equivocación grave. Se habla de Pueblo Esther como si su única vocación fuera el turismo, como si eso pudiera sostener todo. Pero los comercios no cierran porque sí: cierran porque se cayeron las fuentes de trabajo. La industria daba algo que el comercio de paso no puede dar: estabilidad, obra social, aportes, jubilaciones dignas. Cuando desaparecen esos puestos, desaparece también el consumo sostenido, y con él, la posibilidad de que los emprendimientos locales sobrevivan. No es casualidad que luego veamos en qué condiciones llegan los jubilados y jubiladas. Hoy se ven las consecuencias de haber perdido esas fuentes de trabajo que construían futuro, no solo sueldos”.


Ante menos ingresos, más necesidades: “Sabemos que el mantenimiento de la ciudad y la obra pública requieren recursos. Esos recursos vienen de dos lados: lo que aportan los vecinos y vecinas con sus impuestos, y lo que llega por coparticipación desde la provincia y la nación. Y hoy ambos están cayendo: cuando cae el consumo nacional, cae la coparticipación que llega a cada municipio, cuando la gente pierde su trabajo, deja de poder pagar sus impuestos, no porque no quiera, sino porque necesita sobrevivir. No estamos diciendo que no se haga obra pública. Estamos diciendo que hay que ser honestos sobre de dónde salen los recursos. Las empresas que cerraron ya no tributan, y eso se siente en cada rincón de la ciudad. No es un problema de esta gestión solamente: es un problema que comparten todos los municipios del interior que ven cómo se apagan sus fuentes de trabajo. Discutir el arreglo de las calles, las luminarias o el pozo de Escamonda es necesario. Pero no podemos hablar solo de eso. Sería incompleto e injusto con quienes nos eligieron. Como concejales y concejalas tenemos la responsabilidad de poner sobre la mesa el panorama completo: No somos representantes de un pedazo de tierra aislado. Somos representantes de personas que sienten el impacto de una crisis que es económica, pero también social, política y cultural. Y debemos hablar de todo eso, con seriedad, sin etiquetas, porque Pueblo Esther no es una isla. Lo que pasa afuera, entra. Y lo que pasa acá, también importa. Tenemos que dar un debate político que esté a la altura de las circunstancias”, sostuvo la concejal.

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