Para todo aquel que nació en Arroyo Seco o que llegó a la ciudad y se instaló aquí antes del 2007, no podrá olvidar a la figura del concejal primero y dos veces intendente Don Pedro Spina. Un carácter amable con todos los vecinos, firme con los funcionarios provinciales y amigo de los empleados municipales, dejó huellas en la sociedad, que lo recuerda de muchas maneras.
Arroyo Al Día, junto al Dr. José Luis Murina, quien podría decirse fue su hermano menor, al que siempre acompañó en la política, recordó alguna anécdota de Don Pedro.
“No puedo dejar de recordar algo que nunca se me va a borrar: Adela. Todo el mundo pasaba por la esquina de San Martín y Humberto Primo, y todos la veían: dormía en el alero de una casa, en pleno invierno. La dueña de la casa se lo permitía, pero Adela salía de su hogar y prefería dormir ahí, a la intemperie. Los autos paraban en el semáforo, todos la veían, todos comentaban: "¿Cómo puede haber una mujer durmiendo ahí? ¿Dónde está el intendente?". Llamaban, reclamaban, exigían. ¿Y saben qué hizo el intendente? Fue con su Renault 18 bordó, paró ahí, bajó la ventanilla y le dijo: "Vamos Adela, vení, vamos". Y se la llevó. No al hospital, no a un geriátrico, no la dejó en una institución. Se la llevó a su casa. A su hogar, donde vivía con Iris, su esposa.
Iris la bañó, la vistió con ropa nueva, le armó una cama, la cuidó. Adela vivió con ellos casi un mes. Nadie hacía eso. Nadie se llevaba a una persona en situación de calle a su propia casa. Él lo hizo. Sin cámaras, sin comunicado, sin discurso. Simplemente, porque no podía dejarla ahí”, dijo el director de este medio, Claudio Ferreyra.
Murina recordó sus pasos con el intendente: “Me emociona hablar de esto, pero es la verdad. Pedro Spina fue intendente de Arroyo Seco, y para mí fue mucho más que eso: fue un referente, un maestro. Viví casi las 24 horas con él durante su mandato, lo acompañé a todos lados. Y vi cosas que no se hicieron nunca más. Salíamos a la mañana temprano, recorriendo la ciudad. Si veía a alguien sentado en la vereda tomando mate, se sentaba con él. No mandaba a un funcionario, no enviaba un mensaje: se sentaba y compartía el mate. Preguntaba, escuchaba, hablaba de igual a igual. Y los velorios, no se olvidaba ninguno. Temprano, todas las mañanas, pasábamos por todos los velorios de la ciudad. Yo a veces me confundía, saludaba en el lugar equivocado y él me corregía con suavidad: "No, José Luis, es el otro". “Entrábamos, nos acercábamos a la familia, le dábamos el pésame, unas palabras sinceras. No era protocolo, era presencia. La gente a veces no reconoce el valor de las personas cuando están. Después pasa el tiempo, uno ve cómo actúan otros, compara, y recién ahí dice: "Pucha… mirá lo que fue Pedro". No necesitaba grandes discursos ni anuncios ruidosos. Su política era la presencia, el trato, el detalle. Lo de Adela no fue un acto de gobierno. Fue un acto humano. Algo que cualquier persona puede hacer, pero que muy pocos hacen. Y eso es lo que nos quedó grabado”, aclaró.
Pedro Spina se fue físicamente, pero la forma en que trataba a la gente, la calidez, el no sentirse superior a nadie, eso no se pierde. Queda en la memoria de los que lo conocieron, y de los que escuchan estas historias. Cosas que no se hicieron nunca más. Y que ojalá vuelvan.
"No necesitaba discursos. Con su presencia alcanzaba", cerró la charla el doctor.