Diamela Coletta fue una de los 40 bomberos que viajaron hacia Venezuela para colaborar con la remoción de escombros y el rescate de víctimas del terrible terremoto que azotó al país sudamericano.
Arroyo Al Día mantuvo una comunicación con ella apenas llegada a la ciudad.
"Es difícil explicar lo que se siente al llegar a un lugar así —expresó— sabíamos por las imágenes que la situación era grave, pero la realidad supera cualquier cosa que uno pueda imaginar". Al momento de su arribo, las posibilidades de hallar personas con vida ya eran escasas: habían pasado días desde el suceso, y las brigadas de rescate activas se reducían.
Además de las tareas de asistencia, su labor se centró en la contención de las familias: "Muchos esperaban saber al menos qué pasó con sus seres queridos, para poder cerrar ese capítulo. Saber si estaban vivos, en un refugio o si lamentablemente no habían sobrevivido". La escena era desoladora: edificios derrumbados, sin servicios de luz ni agua, con olores propios de la tragedia y cientos de personas a la intemperie. Lo que más le impactó fue la ausencia del Estado: "Se notó mucho el abandono. La gente intentaba arreglársela como podía, pero faltaba todo: alimentos, agua, espacios dignos para refugiarse. Vimos familias enteras en la calle, incluso niños solos, sin nadie que los acompañara".
Pese a la dureza de la experiencia, Diamela destacó el valor de poder estar allí: "No es fácil enfrentarse a esto, pero sabemos que nuestro trabajo es estar donde más se nos necesita. Ahora queda seguir apoyando a quienes aún siguen esperando respuestas".
"Seguimos protocolos, pero nada nos prepara para ver esa realidad en primera persona" profundizó sobre el trabajo que desarrolló en la zona afectada por la catástrofe, en una charla donde detalló cómo operan los equipos de auxilio y la magnitud de un suceso sin precedentes.
"Al llegar, nos ponemos totalmente a disposición de la autoridad que coordina la emergencia: ellos nos asignan las zonas exactas donde debemos trabajar —explicó— no elegimos dónde actuar". En uno de los edificios bajo su responsabilidad detectaron un posible indicio de vida, por lo que informaron de inmediato y continuaron las tareas, aunque lamentablemente no se confirmó supervivencia: "Allí esperaban decenas de familiares, con la esperanza intacta de encontrar a sus seres queridos".
Sobre la preparación, reconoció que "todo lo que aprendemos sirve mucho, pero hay un abismo entre el entrenamiento y enfrentarse a esto en el terreno". Incluso con experiencia en emergencias como el derrumbe del hotel en Villa Gesell, esta situación fue distinta: "Se trató de dos terremotos seguidos, con réplicas constantes y colapsos combinados: edificios partidos al medio, con cada mitad cayendo en una dirección diferente".
Además de las tareas de búsqueda, el equipo tuvo un rol clave en la contención emocional: "Había refugios especiales para resguardar a los niños, y estuvimos mucho tiempo acompañando a familiares y a vecinos que colaboraban de forma voluntaria, tratando de sostener la angustia del momento".
Al finalizar, Diamela reflexionó sobre su labor: "Representar a Arroyo Seco allí fue un honor. Sabemos que es un granito de arena, pero cada esfuerzo cuenta cuando la gente más lo necesita".