Sucedió el día sábado luego de que terminara las labores en su taller.
Un nuevo hecho delictivo afectó a un vecino de la ciudad, en este caso en el barrio Playa Hermosa. En conversación con Arroyo Al Día el hombre comentó lo que le sucedió: “el sábado, después de terminar las labores en mi taller de calle Playa Hermosa al 3200, al costado de Dreyfus, donde tengo un lote e hice una pileta y tengo un taller donde hago trabajos de herrería, de muebles y donde ya me habían roto un candado y robado herramientas de mano apenas llegué, me aseguré un poco poniendo luces y nunca me habían tocado lo que era de la pileta, pero esta vez sí”.
“Cuando llegué al lote esta mañana (por el miércoles 25), veo que las mangueras del gabinete donde está el circuito de filtrado de la pileta estaban todas tiradas. Ahí me di cuenta que algo raro había y cuando miro se llevaron la bomba. No se llevaron el filtro grande. Llamé al 911, vinieron, constataron, pero es lo que está aconteciendo en el barrio. La policía pasa pero no podemos pretender que pase las 24 horas por acá. Evidentemente hay personas que ya sabemos quiénes son los que están en este hurto, porque roban para drogarse y sabemos quiénes son. La policía sabe y parece que nos roben es normal. Yo gracias a Dios trabajo, sé que esa bomba la voy a recuperar, la voy a comprar otra vez pero no es ese el fin. Acá tenemos problemas con los caballos sueltos, con los chicos con las gomeras rompiendo vidrios, hasta la misma salita donde se hacen atender roban, no se entiende, parece como esos perros a los que les das de comer y después te muerden”, declaró Gómez.
“Es un mundo al revés: nosotros tenemos que poner rejas y encerrarnos y ellos están sueltos. Nosotros tenemos cámaras, hay filmaciones, nos cuidamos entre nosotros, pero no alcanza. En su momento pudimos aportar datos y los encontraron, pero siguen los robos, hace unos días le robaron una batería nueva a un vecino, no es que van a robar un banco, le roban a gente que trabaja, a gente que sale a pucherear, pero tengo que vivir encerrado, mudarme a un edificio donde viva en el último piso para que no me roben. Acá, y no tengo pelos en la lengua, aun cuando me han amenazado, la droga se vende como si se vendiera pan, entonces los pibes te roban cualquier cosa para ir a comprarse un porro o estupefacientes. Lamentablemente es así y terminamos por pagar nosotros”, sostuvo el hombre indignado.