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"Cuando te preparás no pensás que un auto puede chocar pero sí que un avión se puede caer”

El empresario local Joaquín Martins, habló después de su accidente en su aeronave, relató esos momentos y todo lo que vive posteriormente.

 

Un motor que se planta, un avezado piloto y algún designio divino se conjugaron para que lo que parecía que iba a ser una película con final trágico, no lo fuera. 
Así se puede describir lo que le ocurrió en un viaje de Joaquín Martins, su esposa y un acompañante cuando la avioneta en la que iba al regresar de unas pequeñas vacaciones desde Río Negro sufrió un desperfecto que obligó al propio empresario piloto, a realizar un aterrizaje de emergencia que no fue tragedia por la pericia para poder aterrizar.

 

En una charla mano a mano, Martins, revivió:
“Primero agradecerle a cada uno, porque esa información me llegó, rezamos por vos, rezo por usted, y viene de distintas iglesias, y uno nunca pensó que podía pasar y la verdad que yo tengo que agradecer a cada uno que pensó en ese momento, más por nosotros, que la verdad que Dios estuvo dentro de todo el tema”, comentó Joaquín. 


A modo de reflexión, el empresario explicó qué piensa sobre lo que pasó en el accidente: “El tema es que vos tenés un auto y nunca practicás chocar. Un avión, lamentablemente, tenés que practicar a que se caiga, porque estas cosas pasan, no pasan nunca, pero la vez que te pasó, te pasó. Imaginate que vos salís del avión, con instructores que yo he tenido, muy buenos que me enseñaron la técnica. La técnica es lo siguiente, una vez que se para un motor o se rompe algo, vos tenés la capacidad de volar igual al avión, siendo a la velocidad adecuada. Para eso necesitás bajar la velocidad del avión y tomar la velocidad que necesita cada avión, que es distinta. Y después, mirar para qué lado va el viento para aterrizar, porque el viento es una masa de aire que se mueve con respecto al piso. Entonces, vos tenés que llegar al piso lo más despacio posible. Entonces tenés que ir con el viento en contra, tenés que ver para qué lado va el viento y aterrizar en contra viento”.

 

“Nosotros habíamos despegado recién y ahí yo, cometí un error, yo tenía que subir a 5.000 pies o a 1.500 metros.  Cuando subí a 2.000 pies, o sea, a 600 metros, cambié de tanque de combustible por una razón técnica en peso, el tanque de combustible estaba atrás para que el avión vaya más derecho y camine más rápido. Había cargado una nafta ahí en San Antonio Oeste, la revisé, que no tenga agua, pero no sabés si la nafta estaba vieja o no tenía contaminante de algún tipo me refiero en partículas de algo, no lo podés ver tenés que filtrarla, en el tanque auxiliar no tengo para filtrar eso”, comentó Joaquín.  


“Despego, paso al tanque auxiliar, a los 3 minutos de salir, al minuto y algo y se para. Calculé que era la bomba de nafta, puse la bomba de nafta en marcha, no arrancó, probé por la llave, no arrancó. Cambio el tanque, pongo el tanque principal de vuelta, bueno, ahora va a arrancar y no arrancó. El avión venía cayendo, de marca tengo los datos, en 1.200 pies por minuto en una caída vertical, plana. Cuando pasó eso, que intenté yo, ya me quedaban 1.000 pies”, contó el piloto. 


“Entonces, cuando llegué a 1.000 pies, ya no quedaba mucha alternativa. O sea, tenés 300 metros y te caes, no te podés caer de plano así porque te matás. Entonces, ahí, bajo la nariz del avión, tomé la velocidad adecuada, que en ese momento eran 70 nudos. Ahí goberné el avión para donde quería, no tuve que pensar de dónde viene el viento, porque cuando había despegado, yo tenía el sol atrás y el viento de frente de 5 nudos, ya sabía de dónde venía el viento”, agregó. 


“Componiendo el sol atrás era suficiente, pongo el sol atrás, miro dónde aterrizar. Había bajado de tren ya, pero ya quedaban segundos, no había nada, absolutamente ningún camino, olamente había una vegetación muy baja, según lo que se ve arriba, y tierra”, manifestó. 


“Esto fue la mano de Dios, porque puede haber plantas grandes y te matás, el entrenamiento que yo practico siempre cuando vuelo es lo que se hace, y no lo hice una vez, lo hice cientos de veces, cuando tuve la emergencia, no tuve que pensar qué voy a hacer, lo hice, mientras vos lo hayas practicado, es didáctico”, expresó sobre su preparación. 

 

“Aterrizo el avión lo tiró de punta, ya camina más fuerte, ya venía bajando a 79 millas que son casi, 140 kilómetros por hora, el avión entró a caer para manejarlo, y ya tenía todo ordenado con los comandos, cuando te llegaron al piso, levanto la nariz para que la rueda trasera apasionara el piso parejo y después carreteé con la rueda delantera y paré el avión, eso salió al principio. El tema es que cuando tocó la rueda delantera, lo que había abajo no era tierra, era arena y se enterró la rueda delantera. Entonces, la parada de tensión fue brusca y nos tiró todo contra adelante y ahí tuvimos un problema de ruptura de vértebras”. 


“Betty- su mujer- tenía un cinturón que no era un arnés, era un cinturón normal. Salió parada hacia adelante, se quebró un hueso de la mano y una vértebra también. El muchacho que estaba con nosotros, Gustavo, tuvo un corte en la cara y una ruptura de una vértebra. Yo tengo tres rupturas de vértebras, sin compromiso de médula ninguno. Estamos todos bien, con dolor. Allá nos tuvieron dos días en terapia intensiva al copiloto y a mí. A Betty no, pero a mí sí”, contó sobre las consecuencias del impacto. 

 

“Yo estaba viéndome, había que pagar sueldos, todo eso, tenía que pagar al muchacho. Y la clave para entrar en el banco la tengo yo, me querían dejar allá para operarme- agregó sobre lo posterior al accidente- digo no, mirá, no me van a operar, la espalda no me va a tocar, empezamos a discutir con los médicos y les dije ‘me quiero ir a Rosario pero en la obra social no contemplaba el traslado’, así que llamé a un amigo para que vaya a buscarme, me pago los gastos y me voy, como yo pagué eso, me dijeron no, el traslado no. Había que ir en un sanitario, eso costaba mucha plata. Pero recuerdo que cuando llegamos a Rosario, a los 3 ya no nos iban a operar en Rosario ninguno, nos mandaron a la casa a todos, imaginate, te tocan la espalda en algo que no corresponde, si nos operaban allá, ¿quién me alcanza un vaso de agua allá en el medio de la nada? O sea, mi familia está, pero a 1.500 kilómetros de distancia”, enfatizó Martins. 

 

Joaquin prosiguió con el relato de su llegada y dijo que al llegar al aeropuerto de Rosario “nos vino a buscar gente de AMAS  a la que quiero agradecer y para ir al Hospital Español, José Murina vino conmigo”. “Cuesta unos 15.000 dólares, yo contraté uno privado que me costó 4.000 dólares, que tengo que agradecer a un amigo que me ayudó a pagarlos. Quería juntar el dinero en la estación pero era mucho, esta persona me pidió un alias y me transfirió el dinero. Obviamente a los pocos días se lo devolví pero esa acción me hizo ver quién está y quién no en circunstancias así”, agregó. 

 

“El 80 % de estos accidentes es mortal, sólo el 20 % no lo es y me tocó a mí pero hay cosas para tener en cuenta, las alas están intactas y derechas si una de ellas hubiese golpeado contra el piso el avión hubiese estallado porque tiene unos 250 litros de combustible. El avión quedó en una posición muy precisa”, aseguró sobre los datos de aviación. 

 

El avión quedó en el lugar a la espera de que puedan trasladarlo hacia la ciudad. “Hay que desarmarlo, tener cuidado con las alas que vaciaron, había un mecánico de autos, mi hijo, mi hija con la pareja, lo terminaron llevando a un aeroclub”, añadió el empresario.

 

Respecto de los motivos de que se plantara el motor Joaquín especuló que “está la Junta trabajando, sacando análisis, a lo mejor la nafta está perfecta, pero habrá habido basura que tapó el filtro, es muy raro que pasen estas cosas, pero bueno, cuando uno va a un aeropuerto, está todo recontra filtrado, pero bueno, me di cuenta y pude aterrizarlo”.


“Este accidente me hizo ver algo: yo hago lo que me gusta en la vida, si no, no lo hago. Hay gente que va a trabajar, yo no voy a trabajar, yo disfruto de mi trabajo, yo estoy ahí 16 horas por día, no me molesta,  hay gente que está 8 horas en el trabajo y 5 minutos antes,  se quiere ir antes de que cierre el negocio. Yo voy a mi casa y como me vuelvo al negocio, porque nací ahí, es mi vida, entonces, lo que nunca me di cuenta, la llegada a la gente que uno tiene, muchas gentes preocupadas por la salud nuestra y bueno, es el corazón o el alma básicamente, porque nunca pensé que hay gente que está tan preocupada por nosotros”, reflexionó. 

 

“No soy piloto comercial, soy piloto privado y le hago todo al avión para no tener problemas, lo disfruto, salgo a pasear, le hice todo el mantenimiento preventivo, le cambié la hélice, pero falló algo que no dependía de mi cuidado, se sabrá con la investigación”, dijo Martins.

 

“Lo que hizo José- Murina- no es fácil, fue dos veces a Rosario, como también otros amigos que me ayudaron, como un amigo médico del Español que me metieron dos veces en el tomógrafo y no hizo falta cirugía, mi mujer fue distinto porque se quebró un hueso de la mano. A mí me quedó un hematoma que se está disolviendo pero no paro y me molesta un poco más a la noche, lo que me hizo mucho mal es el desarraigo, estar muy lejos, aunque gente como vos que estaban todo el tiempo hablándome me hicieron un poco más fácil la estadía en Río Negro”, finalizó Joaquín.

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