Afortunadamente, Martins, su esposa y otro acompañante, no sufrieron heridas de consideración. Según fuentes de información directa, a poco de iniciar el vuelo, problemas que se determinarán obligaron al piloto, que era el mismo Martins, realizar un aterrizaje forzoso en un campo de las cercanías del aeródromo de la localidad de San Antonio, desde donde había emprendido regreso a la ciudad de Arroyo Seco.
Con el correr de las horas se supo que las heridas no eran de gravedad, que no corría peligro la vida de ninguno de los ocupantes de la aeronave y que estaban siendo atendidos en un nosocomio cercano. La experiencia del piloto hizo que la caída sea leve y que la cabina de la avioneta no sufriera demasiadas averías, lo que protegió a los ocupantes de la misma.