Guillermo Decurguez, para el pueblo “Decur”, es un artista visual, historietista, ilustrador, autodidacta, que fue albañil y empleado de una automotriz, quien supo cambiar ese mundo gris para ponerle su propio color. El dibujante se inspiró en obras de Quino, Fontanarrosa, Liniers, Jorge González y Atak.
Decur es un niño que habita dentro de Guillermo, dibuja y pinta lo que se le da la gana.
Para conocer ese interior y mucho más de su vida, Arroyo Al Día mantuvo una charla íntima con el artista: “Vengo desde abajo, de un papá y una mamá trabajadores, en nuestro país, que no anda bien, todo se tiene que hacer a pulmón, sin apoyo. Empecé por café La Virginia, que venía en unas latas, que tenía la imagen de una isla con colores, tenía unos 6 años y copiaba ese dibujo, sumé los cartuchos del Family Games, que también copiaba. Esos fueron mis comienzos. En mi familia la que dibujaba era mi mamá. Iba al centro cultural y me llevaba para no dejarme solo porque mi papá trabajaba en una empresa y después se iba a su taller. Dejé la escuela a los 15 años y me fui a trabajar con mi papá y mi abuelo que pintaba casas. Después terminé la escuela en el EEMPA”, comenzó contando.
“Allá por los años 90 me llevaba mi mamá al centro cultural como lastre, como lo hacían otras mamás. Me acuerdo de Cheirasco, de Capato, con ellos nos íbamos a otro cuartito jugando. El profesor se llamaba Julio Rayón y a veces cuando me ponía a dibujar eran los libros que había ahí adentro, pero que eran surrealistas y hasta un poco macabro y con 9 años, me lo fue imprimiendo. El profesor pasaba por atrás y me tiraba consejitos, como no apretar mucho el lápiz, no lo hagas fuerte hasta la punta sino andá soltándolo. Toda mi infancia fue pintar con lápices de colores porque mi papá me traía las hojas de desecho del papel de fax, a la que no se podía poner líquido, acrílico, pero que tampoco conocía. Me di cuenta después de esas cosas en 2007 y ya no tuve profesor”, prosiguió.
SU DEPRESIÓN
“Me diagnosticaron depresión el año pasado pero tuve un episodio así en 2008 o 2009, que lo asociaba con tristeza porque me habían echado del trabajo, empecé a sentirme muy mal, a encerrarme en mi casa, en mi pieza y en mi cama. Trabajaba en el ciber de calle Libertad, era un sueldo muy chico y recordaba volver a casa y tirarme en la cama. Algo que los médicos dicen que es lo que te lleva a la muerte. Después me di cuenta que estuve en la última etapa y nunca me enteré. He llegado a ofrecer mi trabajo hasta gratis sin conseguir mi objetivo”, enfatizó el artista.
“Tenía tele en mi cuarto y hacía zapping pero recuerdo algo que decía: cuando me duerma no quiero despertarme mañana. No tenía valor para ir para otro lado y me pasó por un año y medio, había algo adentro que no podía conectar pero mirá de dónde viene la inspiración y lo único que me fascinaba de los canales que veía eran los gastronómicos, como el de Francis Mallman y esa pasión conectaba conmigo y había algo que no podía sacar, hasta que encuentro una nota que le hacen a Liniers en 2008 y con timidez dijo, hago estos dibujitos y cuando vi lo que mostraba dije: lo que él hace, a mí me sale. Se vio un camino posible y después vivir la vida de él, en profundidad. Liniers dibuja como un niño y nunca lo cambió, a pesar de toda la capacidad que tiene. Automáticamente me levanté, me fui a comprar los libros que me permitía comprar la tarjeta, que fueron tres y comencé”, aseguró Guillermo.
SUS INICIOS Y SU ACTUALIDAD
“Liniers era una influencia muy grande que, con el tiempo me hizo buscar mi estilo. Cuando arranqué dibujaba como él pero sabía que iba a cambiar. Esta carrera me llevó por ejemplo a encontrar a Francis y poder contarle la anécdota con su programa y que me compre 11 de mis obras. Tiene un buen carácter y tiene una gran valoración en lo que hacen, que es lo que me pasa a mí, yo tengo confianza en lo que hago, no soy creído, nos fascina lo que hacemos”.
TALENTO O NO
“Pasé por un montón de límites, pero los dibujos siguen saliéndome sin sufrimiento. Lo que vino no vino por el lado de la suerte, sino que vino siempre desde el arte”.
“Respecto de mi trabajo puedo decir que voy uniendo sueños, voy descubriendo formas, trato de manifestarlo lo más real posible y no tiene censura, van todos. Sueño mucho y son muy vívidos. Tengo un cuaderno de sueños, otros donde cuento cosas, tengo imágenes disparadoras como personajes que me piden una historia”.
SEGUNDA DEPRESIÓN Y NACIMIENTO DE EMILIO
“El año pasado, después de que transcurriera un embarazo normal, donde todos los estudios daban bien, nos enteramos en el parto que Emilio, mi hijo, tiene Síndrome de Down. Fue un momento muy difícil de atravesar porque ningún estudio lo había advertido. Ser positivo en ese momento fue difícil, porque me preguntaba si iba a poder seguir conectando con el dibujo a partir de ese momento y se terminó maximizando a tal manera que mi arte cambió, está en otro nivel, no me importa si es para arriba o para abajo, lo que sé es que sigue habiendo sufrimiento y tengo que seguir uniendo una historia porque la tira se tiene que entender”.
PRESENTACIÓN DE UNA NOVELA
“En la novela que presento hoy en la biblioteca aparece un personaje sentado. La historia se remonta a un trabajo que tengo durante 4 años para el suplemento Ideas del diario La Nación en la tapa, hasta que dije que no porque no me pagaban nada. No es lo mismo cuando no sos nadie, que cuando tenés un Konex, una medalla de oro del mejor ilustrador del mundo otorgada por Nueva York, el New York Time te cataloga el libro como uno de los mejores 25 del año y un montón de cosas, no, pará un poco. Ese nene fue la imagen disparadora de la novela gráfica ‘Cuando levantas la mirada’. Ese nene no soy yo, pero soy todo lo que encierra el libro, estoy conectado con la realidad y hasta el hueso que tiene el perro en el piso”.
“En ese diario del que hablábamos, el mismo nene es el que estaba con esa misma ropa pero sin lenes. Me pasa que por la confianza que tengo, cuando un dibujo mío está bien, es como un camino a seguir, lo cuelgo con unas chinches para tenerlo cerca. Cada vez que veía a ese nene, el nene miraba al espectador y a mí, por eso sentí que él quería contar su historia. Es Lorenzo, pero en principio iba a ser una nena. Entre los personajes hay un gatito, un conejito, otro gato que sale con muchos libros de la biblioteca, y detrás del escritorio hay una jirafa, un par de codornices y más a la derecha una escafandra conectada con la superficie. Hay una bota también y tienen que ver con la novela”.
La presentación se va a hacer hoy sábado 27 de septiembre a las 16 horas en la Biblioteca Popular. Estará acompañado por su mujer Celeste “poniendo un poco de control” como dice el artista.