El cierre de las exportaciones de carne por 30 días comenzó a regir el martes, si bien todavía no se publicó una normativa que lo habilite. Esa falta de normativa alienta a empresarios de que el cepo pueda ser mucho más flexible que lo anunciado.
Es más, en el agro recuerdan que el gobierno también había dispuesto en diciembre el cierre de exportaciones de maíz, cuyo precio se había disparado, que no llegó a aplicarse ya que ante el rechazo del campo se buscó una solución más o menos acordada. "Hay una luz de esperanza", dijo un funcionario que está al tanto de la marcha de las negociaciones, luego de que el lunes el rechazo empresario al anuncio de la Casa Rosada sea total y hasta sumó a los gobiernos de Santa Fe y Córdoba, ambos de signo justicialista.

Incluso, hay avanzadas gestiones del consorcio ABC, que reúne a los principales exportadores, con el gobierno para revertir la medida anunciada, aplicada pero no oficializada. Las conversaciones arrancaron ayer mismo, mientras que los ganaderos anunciaban paros, y uno de los argumentos que más inquietó al gobierno es el cortocircuito que puede generar con China, que es el principal importador de la carne argentina. Y el gobierno tiene muchos acuerdos estratégicos con el gigante asiático.
Precisamente, ante la falta de una resolución oficial -que el gobierno nacional promete saldrá en breve firmada por el Ministerio de Agricultura- el cierre fue muy desprolijo ya que la Aduana impidió la salida de muchos contenedores con carne que ya estaban en los puertos cargados para ir a China y con autorizaciones anteriores al anuncio del cierre.
Formalmente, el gobierno cerró las exportaciones con el argumento de ganar los 30 días que, prometió durará, necesarios para tomar las medidas correspondientes que permitan frenar la escalada de precio de la carne, que aumentó más de 70% desde la pandemia.
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