Pasarán algunas semanas antes de que la melancolÃa se desvanezca, pero para la gente de San Lorenzo y para la historia del club estos 252 dÃas habrán sido un tiempo irrepetible. Los cánticos del final lo certifican. Más allá, incluso, de que alguna vez el Ciclón regrese a la cima de América, porque la primera experiencia tiene un sabor único. Ése fue el lapso durante el cual se extendió el reinado azulgrana en el continente, desde aquel histórico 13 de agosto de 2014 en el que el Ciclón le ganó 1-0 a Nacional de Paraguayhasta anoche. Lo recordó, durante ocho partidos de este año -los seis de su paso por el Grupo 2 de la Libertadores y los dos perdidos con River por la Recopa Sudamericana-, un distintivo dorado en el torso de la camiseta. En medio de todo, aquella final con Real Madrid por el Mundial de Clubes dejó la satisfacción de haberse codeado en un nivel tan alto con un gigante planetario y algún tinte de insatisfacción por la derrota y la forma de afrontar ese partido.
De alguna forma concluye un ciclo, aunque la dinámica futbolÃstica del club seguirá adelante mientras continúe siendo marcada por Edgardo Bauza. El fin del sueño de repetir el tÃtulo continental fuerza la oportunidad de volcar todos los recursos en el plano local, que lo mantiene en un lugar protagónico. Liquidada la tercera parte de este especial torneo de Primera División, San Lorenzo está en el pelotón de punta y eso es un buen impulso teniendo en cuenta, además, que algunos de los competidores más fuertes -Boca, River, Racing- seguirán por ahora atendiendo el frente continental.
Pero la lectura se vuelve más compleja cuando se examina la sustancia futbolÃstica del equipo. De lo que ocurra en los próximos partidos dependerá que recrudezca esa mirada crÃtica sobre los planteos de Bauza, más hÃbridos que conservadores, poco propensos al riesgo ofensivo, aunque tantas veces eficaces y por lo cual, para muchos, defendibles.
Bauza necesita potenciar o afirmar algunos puestos y nombres propios. Si hay un indiscutible en el afecto de los hinchas es Leandro Romagnoli, pero a los 34 años y tras una trayectoria que le maltrató considerablemente el fÃsico, el Pipi necesita laderos y reemplazantes confiables. Para eso tendrÃa que levantar Barrientos, de 30, y que en su intermitencia sigue lejos de reproducir lo que aportó en otras épocas y de ser el conductor ofensivo que se necesita. Quizá cabrÃa esperar más oportunidades para un pibe de 20 como Cavallaro, poco utilizado hasta ahora.
El Ciclón también necesita que jóvenes como Villalba o Verón progresen en la medida en que prometieron sus apariciones. En el medio, el pibe Quignon (21 años) despunta al lado de hombres con oficio como Ortigoza, Mercier y Kalinski, pero le hará falta rodaje. Que el estado de gracia que le concedió la conquista de América haya concluido aquà marcará algo en el ánimo del Ciclón, pero las obligaciones y los desafÃos sólo cambian de nombre.