El Padre Rogani contó sus emociones: “Son emociones encontradas. Primero porque no puedo obviar el llamado del obispo a darle una mano.
El sacerdocio forma parte de una cooperación a las necesidades de la diócesis. Y segundo que uno tiene que dejar una ciudad, despegarse de los afectos, el cariño de la gente, que me dieron tanta felicidad.
No queda otra que rumbear para otro lado, pero duele la despedida. Nunca estuve en la zona de San Lorenzo, que reúne las ciudades de Capitán Bermúdez, Fray Luis Beltrán, Granadero Baigorria, Timbúes, Oliveros.
Sólo conocía el Convento donde íbamos peregrinando todos los años y toda la historia del combate de esa ciudad. Espero que pueda cumplir con el designio de Dios en ese lugar. Va a ser muy dura la salida de Arroyo seguramente”.
