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SE CUMPLEN 24 AÑOS DE LA ORDENACIÓN DEL PADRE PEDRO PERGAÑEDA

Lo recordó con mucha nostalgia quien preside la Parroquia “La Asunción” de nuestra ciudad

 

Un 1 de diciembre de 1995, Monseñor Mirás, obispo de la Diócesis de Rosario, ordenó sacerdote al Padre Pedro Pergañeda, que es el cura párroco de la Iglesia “La Asunción”.

En Diario de la Mañana, recordó con satisfacción y un dejo de nostalgia el momento: “Monseñor Mirás nos ordenó a mí y a dos compañeros más. Marcelo Olivera, que está de capellán en la iglesia ‘Niño Dios’ de calle España y San Luis y Mario Romero, que para nosotros es ‘Tito’, que se desempeña en la parroquia ‘Santa Isabel de Hungría’. Nos seguimos viendo y hablando siempre”.

Con respecto al aniversario dijo: “No hubo festejos y sólo fue festejar de dar la eucaristía y darle gracias a Dios por su fidelidad y yo seguir siendo fiel a Él. Es una alianza, un contrato entre nosotros. Sí a la noche nos fuimos a cenar con mi papá, mi hermana y mi cuñado a la casa de unos amigos a Pueblo Esther, donde comí unas empanadas y me tomé una cervecita”.

Haciendo una retrospectiva mencionó su paso por otras localidades: “Cuando trabajaba en Bigand tenía otras tres localidades: Villa Mugueta, Arminda y Maizales. Me debía a mi comunidad y no andaba diciendo cuando cumplía años de mi ordenación. Me dí cuenta que mi vida está abocada a la comunidad”.

Recordó también cómo fue que decidió ser cura: “Es muy raro que Dios te venga a llamar con su voz a que sigas su camino, sucede en las películas pero sí recuedo que nací en una famiia con una mamá de profunda fe y mi padre miraba a la iglesia de reojo. La iglesia y Dios estaban siempre presente. Se bendecía la mesa, se rezaba de noche, teníamos la imagen de la virgen, íbamos a misa con mi abuela, mi mamá y mi hermana. Una providencia del destino hizo que el día que dí mi primera misa, coincidió con el día que tomé mi primera comunión. En una de las tantas mudanzas fuimos a Timbúes en 1976 y vivíamos en una casa precaria, sei abandonada cercna a una parroquia. Llegamos nosotros y también el cura nuevo, Daniel Lozano, nos hicimos muy amigos y en tres meses lo que me impactó y fue la semilla que se metió en mí fue la alegría con la que vivía su ministerio, jamás me habló de ser cura, por eso quería ser como él: alegre. Lo acompañaba a los otros pueblos, al seminario me quería llevar y no quería. Cuando fuimos a Rosario en 1977 en el Cristo Rey, llegó un padre y allí se me metió el bichito. Era un tanto vago, me había llevado 8 materias y ahí le dije a mi mamá que quería ir al seminario y me corrió por toda la casa porque no quería. Se pusieron de acuerdo después y me mandaron. Nos veíamos poco, volvíamos a casa dos días en el mes. Estuve seis años en el seminario desde el 1978 hasta el 1984, fui a apostolar al Hospital Centenario y tuve una crisis importante por un par de sucesos dolorosos. Dejé el seminario, me puse de novio, trabajé en un par de lugares, hasta que mi padrino de ordenación me recomendó un retiro espiritual donde realmente me dí cuenta de lo que quería ser. Vovlí al seminario y me ordené hace 24 años y estoy plenamente feliz”.

 

 

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